Condenado Ministerio de Defensa por falsos positivos en Sur del Cesar

El pasado 30 de enero de 2014, el juzgado quinto administrativo de descongestión del circuito de Cúcuta condenó al Ministerio de Defensa Nacional por la ejecución extrajudicial del menor Jhonatan Meza Badillo, oriundo del municipio de Gamarra (Cesar), en hechos ocurridos el 31 de agosto de 2008 en la vereda La Urama, municipio de Abrego (Norte de Santander).

Colonización y resistencia, la experiencia de la Federación Agrominera del Sur de Bolívar

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El Sur de Bolívar es una región de una riqueza cultural y ambiental única, propia de un punto de encuentro a medio camino en el enérgico curso del río Magdalena desde los Andes al Atlántico. Se llega a él combinando todas las formas de transporte imaginables en la ruralidad colombiana: buses, motos, carros, lanchas, bestias y “voleando pata”, como se dice. En este punto del mapa se cruzan los mundos paisa, costeño y santandereano, con sus hablados, sabores y manierismos típicos. Su caótica geografía ve desgranarse el río Magdalena en ciénagas, brazos que recorren lomas y selvas. En este mundo anfibio, donde tierra y agua no pueden separarse del todo, se yergue, imponente, la serranía de San Lucas, uno de los sitios con la mayor biodiversidad del país. En medio de toda esa diversidad de criaturas exóticas y fantásticas, también hay seres humanos, humildes y asombrosos a la vez, que han llegado a este territorio a explotar sus recursos mineros, pero que han ido convirtiéndolo de un lugar de paso, en un lugar al que llaman hogar.

“Porque nos cansamos de arrancar”, el proceso organizativo en Micoahumado, Serranía de San Lucas

Unas siete horas hacia el noreste de Mina Vieja, San Pedro Frío, por una trocha espantosa en medio de paisajes que lo dejan a uno sin aliento, que sube lomas y cruza planicies, apenas atravesando un par de lánguidos pueblos, pero cruzando una buena parte del norte de la Serranía de San Lucas, se encuentra el corregimiento de Micoahumado, perteneciente al municipio de Morales, Sur de Bolívar. En el camino nos pasó de todo: hubo que cambiar una rueda, un par de veces el chofer tuvo que meterse abajo del carro a ajustar y cambiar piezas, hubo que usar gancho y cuerda para sacar al carro del lodo, y nos tuvimos que bajar un par de veces para que el campero, con todo su peso, no pasara de largo al río en algunos precarios puentes. 

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