El paro agrario vive, y vivirá

El tal paro agrario parece que sí existió. El primero fue silenciado con dinero, mucho dinero. El segundo, con algo más de lo mismo, pero también con algo de política. En plena campaña electoral nadie quería ese tipo de manifestaciones incomodas.

Por Jorge Tovar. 

Pero el problema agrario persiste. Los campesinos todavía no tienen insumos a precios adecuados, carecen de agua y no conocen carreteras decentes. Los subsidios que de urgencia regala el gobierno no son más que pañitos de agua tibia. El problema estructural permanece.

 

Algunos, con una visión más ideológica que práctica, culpan a los TLC’s de todas las desgracias del campo. Pero hace 40 ó 60 años no había TLC’s, y tampoco campo. Prefieren no mencionarlo aunque lo sepan: que los productos agropecuarios en su mayoría tienen unos plazos de desgravación que, en algunos casos, llegan a 20 años. Algunos incluso confunden. El contrabando no es un artículo que se haya negociado en ningún TLC con el exclusivo propósito de perjudicar al pequeño propietario. No es tampoco una negociación secreta con ninguna potencia extranjera. El contrabando es una muestra más de la incapacidad que durante más de 200 años hemos mostrado para cerrar nuestras fronteras. Entre otras cosas porque el Estado no tiene como llegar a la frontera, no hay vías.

El problema de Colombia es de estrategia y de plata. Hoy, las grandes potencias abogan por lo que se denomina la seguridad alimentaria. El concepto básico es que todo Estado debe garantizar la alimentación de sus ciudadanos, a ser posible, con productos de origen doméstico. Los que no pueden, como China por ejemplo, invierten en países de bajos ingresos para procurarse dicha seguridad. La implicación de una política de seguridad alimentaria no es cerrar las fronteras. El objetivo es potenciar la producción doméstica tal que se garantice, en el caso colombiano, la alimentación de 47 millones de habitantes.

Para garantizar la seguridad alimentaria se requiere, por supuesto, dinero. Dinero necesario para construir la infraestructura que requiere el campo. Colombia, según la FAO por ejemplo, con un área cultivable 2.8 veces mayor que Chile, apenas utiliza para cultivar 1,6 veces más tierra. La mayoría, además, con una productividad muy inferior.

La política agropecuaria está en mora de diseñar un mecanismo estructural que no dependa de los vaivenes políticos de elecciones y reelecciones. Porque plata hay. ¿En dónde? En el sistema general de regalías. Según la Ley 1606 de 2012 hay aprobados 17.7 billones de pesos para el bienio de 2013 y 2014. Dinero que según la constitución debe ir a las regiones. Pero pareciera que es la misma descentralización la que mata la descentralización. El campo requiere agua, requiere vías terciarías. Siendo una propuesta inocente e irreal bajo la normatividad actual, ¿por qué no puede utilizarse ese dinero (o buena parte de ese dinero) de manera coordinada para solucionar estructuralmente dos de los problemas básicos del campo en Colombia? Hoy día se sientan gobernadores, alcaldes y el gobierno nacional a estudiar proyectos de todo tipo. Según el Sistema Nacional de Regalías se han aprobado 12.3 billones de pesos. En transporte $3.7 billones, en ciencia y tecnología (al que deben ir destinados el 10% de los recursos), $1.6 billones. Más allá de que haya un número no despreciable de proyectos sin iniciar, 1051 de 5573, lo que refleja el conjunto de cifras es la carencia de un proyecto de Estado.

En Boyacá, por ejemplo, epicentro de las protestas agropecuarias, 4.4 mil millones se han destinado a proyectos relacionados con el sector agrícola. 81 mil millones a proyectos de transporte. Es un buen dinero, pero ni lo uno ni lo otro alcanza para comenzar a solucionar el problema estructural de Boyacá. El problema es la mermelada, pero no en su acepción ‘moderna’ de campaña electoral. La mermelada, recordemos, era el acto de repartir los recursos de manera uniforme en la tostada que representaba el país entero.

Ello nunca llegó a pasar. Tal y como quedó la estructura de la regalías, hay muchos personajes repartiendo mermelada en muchas tostadas. No se miran entre sí. La consecuencia es que nunca llega a cubrirse siquiera una tostada. Estamos desperdiciando deliciosa mermelada en un montón de tostadas que nunca sabrán a mermelada. Y es que dos años de regalías solucionan buena parte del problema agrícola en el país. El metro de Bogotá, recordemos, puede llegar a costar 6.8 billones de pesos a gastarse en unos 5 años. Las autopistas 4G (nunca vi, por cierto, las 1G, 2G o 3G) costarán 50 billones en 20 años. Necesitada Colombia como está de soluciones de choque, disponer de 17 billones de pesos en dos años … ayudaría. Con infraestructura vial, con agua, entonces sí en 10 o 20 años estaría el campo capacitado para enfrentar los TLC. Como vamos, el problema no son los TLC, el problema somos nosotros que con o sin comercio internacional seremos incapaces de garantizar nuestra propia seguridad alimentaria.

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